NAVIDAD EN SAN PETERSBURGO | ESPLÉNDIDO

NAVIDAD EN SAN PETERSBURGO
OLGA DMYTRIIEVA

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El mejor momento del año para visitar esta ciudad rusa es cuando un espeso manto de nieve cubre, ilumina y decora toda la ciudad; especialmente porque los turistas, en general, hacen precisamente lo contrario.

Se congelan los canales y el río Neva formando gruesas capas de hielo que abren caminos por los que es posible pasear, con el crujir de la nieve a los pies, hasta cualquier lugar de la ciudad, incluida la Fortaleza de San Pedro y San Pablo. La cúpula dorada de la Catedral de San Isaac, revestida con 100 kilos de oro, brilla con mayor intensidad y se distingue desde cualquier mirador. Las calles principales se adornan con luces y guirnaldas; los niños juegan y cantan alrededor de un gran árbol de Navidad junto a la Catedral de Nuestra Señora de Kazan y en la plaza del Palacio. Mientras en el Hermitage, prácticamente vacío, pueden admirarse plácidamente las obras expuestas y, al anochecer, con unas buenas localidades, adquiridas horas antes, podrá disfrutarse del Cascanueces de Tchaikovsky en el Teatro Mariinsky.

Estos privilegios exigen alguna renuncia: los días son más breves que las noches y las temperaturas inferiores. Pero los fríos de invierno petersburgués tienen mayor rigor en los termómetros que en la calle. La media diaria en invierno es de unos confortables cinco grados bajo cero, aunque puede descender hasta los 20. Son las temperaturas habituales de las pistas de esquí. Basta con una indumentaria adecuada para que el frío exterior no sea un inconveniente.

La elección del hotel en invierno tiene una importancia capital. Existen excepcionales alternativas. Con más de 145 años de historia, el Belmond Grand Hotel Europa se ha consolidado como un punto de referencia en la vida social de la ciudad. A pocos pasos de la Catedral de San Isaac, Taleon Imperial Hotel ocupa un antiguo palacio del siglo XVIII, que ha sido ampliado y renovado preservando la herencia del pasado. Fundado en 1911, Rocco Forte Hotel Astoria es otro de los establecimientos históricos. Fue elegido por Rasputín para alguno de sus encuentros privados y por Lenin para hablar al público desde su balcón en 1919. La ubicación es, posiblemente, el mayor atractivo del Kempinski Hotel Moika 22: a orillas del río Moika, frente al Museo del Hermitage, en un edificio considerado monumento arquitectónico. Todos los hoteles mencionados mantienen una decoración clásica y suntuosa, muy diferente a la del W de San Petersburgo, que combina la arquitectura dieciochesca del edificio con un estilo contemporáneo.

Las alternativas para las tardes de invierno son interminables gracias al elenco de museos de San Petersburgo (desde el Hermitage, en sus diferentes palacios; el Museo Estatal Ruso; Erarta, el museo de arte contemporáneo; el Museo de Fabergé; la fortaleza de San Pedro y San Pablo o el Palacio Ménshikov). Si se prefiere simplemente descansar, existen agradables clubes, bares, cafeterías. La neoyorquina Jenna Kistner abrió un exitoso bar-coctelería y restaurant Soho Lounge. Es el lugar óptimo para pasar una tarde-noche disfrutando de un menú cosmopolita, con música actual y actuaciones en directo. El Lobby Bar del Grand Hotel Europe atrae cada día a variopintos personajes de la sociedad petersburguesa. Algunos de ellos, están esperando para entrar en el L’Europe –el histórico restaurante del hotel en el que es posible fundir el deleite gastronómico con la música clásica o el ballet clásico en directo–. Ubicada en el semisótano de una antigua mansión, Bodega 1853 –en Kempinski Moika 22– reproduce el ambiente ideal para todo amante del vino: en su carta se encuentran algunos de los vinos más raros y valiosos del mundo.